¿Cuándo es mucha o poca comida para mi bebé?

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No existe una medida universal de cantidad o volumen de alimentos para nadie sano, en ninguna edad. Los únicos que creen en eso son quienes venden alimentos y leches. Miren las latas de leche en polvo para que noten claramente señalado cuánto hay que darle al niño a tomar…para que se consuma más rápido, debe ser.

 

¡Esto de alimentar a un hijo sí que cuesta plata y emociones!

 

Esta ansiedad de los padres -para lo que no hay que ser primerizo o padre de primera vez- pareciera tener un origen ya archivado, cuando había que buscar comida como fuera y donde fuera, no so pena de morir sino de que se acabara la familia. Algo queda de lo ancestral en la nuca o “in the back of the head”.

 

Lo cierto es que donde hay comida, no hay hambre. El hambre solo se da donde no hay comida. Por ejemplo, durante las guerras, durante grandes y serias condiciones climatológicas adversas, y como corolario antidemocrático de las víctimas de las satrapías, que vacían las bóvedas donde se guardaba el dinero estatal. Y la otra verdad es que no todos comemos igual y no todos tenemos que comer igual para crecer bien.

 

Si Ud. alimenta a su bebé del pecho materno exclusivamente, no tiene por qué preocuparse de contestar a la pregunta que titula esta opinión. Y, mejor si es alimentado a demanda, es decir, cuando él quiere, por el tiempo que quiera.

Es la hora de criar al bebé.   Ya lo hizo, lo construyó y lo moldeó en su vientre. Ahora es tiempo para criarlo: estar con él, acompañarlo, ayudarlo, darle seguridad, alimentarlo, oírlo, hablarle, tocarlo, acariciarlo, consentirlo. No es tiempo de “disciplinarlo”, “aconductarlo”. La vida le cambia a Ud. y a su esposo. Pero para eso se unieron y decidieron hacer una familia, para cambiar estilos de vida por nuevos que les hagan crecer juntos. Uno no pone límites a otros, se los pone a uno.

 

Estudios de años atrás revelan que el niño sano alimentado del pecho materno de una mujer tranquila y bien nutrida, después de la primera semana de vida, toma el 80% de la leche que se va a tomar, en los primeros 3 minutos de succión. Si Ud. o yo solo comiéramos el 80% de lo que “debemos” comer, no nos desnutriríamos. No hay tal cosa como que “tiene que pegarlo al pecho por 20-30 minutos de cada lado, cada 3 horas, día y noche”. Esto implica, entre otras cosas, irse contra el ciclo circadiano del niño, que es un ritmo inteligente, de origen para sobrevivir. Es además, forzar leche que el niño no quiere y agotarlo en el ejercicio de la succión o interrumpirle su sueño.

 

Los horarios rígidos de comida no son para los primeros meses de vida. Deje eso para más tarde cuando todos se sientan a la mesa a la misma hora. Si Ud., por comodidad o por enseñanza errónea, le obliga a comer cada 4 horas, en las primeras semanas o meses de vida, el niño lo va a aprender. Es una forma de reflejo condicionado o reflejo de Pavlov, propio de laboratorios con ratas; pero es inadecuado e inapropiado para ayudar a su niño a crecer. De hecho su niño no se parece al que vive arriba de Ud., en el piso 13, o al que vive debajo de Ud., en el piso 11. Los padres de esos niños también están comparando al de ellos con el suyo, y, curiosamente, como nunca se está contento con lo que se tiene, piensan que el hijo ajeno es el correcto, el perfecto, el sano. Así que ignore cuánto come el del piso 13 o el del piso 11. Preocúpese por estar al lado de su hijo cuando él quiera comer. Eso es todo.   Y, si preocupada, otra vez, porque “crezca y engorde”, decide alimentarlo cada 2-3 horas cuando él quiere comer cada 4-5 horas, ¿sabe qué va a ocurrir? Le va a empezar a rechazar la leche, le va a empezar a vomitar y, Ud. y su pediatra, le van a iniciar 3-4 y más medicamentos para el diagnóstico de moda “reflujo”. Ese niño no tiene reflujo, tiene relleno.

 

Cuando el niño se aparta del pecho de la madre, lo empuja, o se queja por la insistencia de la madre a que siga pegado allí como “pegado con Duco”, es hora de detener la alimentación y esperar la próxima necesidad, que seguro, puede ser entre 1.5-5 horas más tarde.

 

Igual se aplica al niño alimentado con mamadera y leche artificial. Pero en esta modalidad siempre es mayor el riesgo de “relleno”, “reflujo” y obesidad, porque la madre confunde el deseo de succionar con el deseo de comer y le zampa toda la botella y más al niño, que ya bota su contenido por todos los orificios. “Ay doctor corra que está botando la leche por las narices”. Menos mal, le contesto yo, que la nariz y la boca tiene un lugar común donde se encuentran. No es importante por donde sale, sino por qué sale. Sale porque no tiene lugar donde estar, está superllena su barriguita.

 

Hay niños que comen bien, una bendición para muchos padres, y hay niños que comen mal, una fuente de stress constante para los padres.

 

¿Qué es “comer bien”? Una definición es “comer como quieren los padres que coman sus hijos”. Ya, a partir de ella, se genera frustración. Ningún padre está contento cómo y qué come su niño; y ningún niño está por complacer a sus padres a la hora de comer.   La Ley de Murphy se queda corta.

 

Otra vez, donde hay alimentos disponibles el niño sano se alimentara de lo que necesita para crecer bien. No lo hace en forma lineal. No! Todo niño tiene épocas cuando “come mejor” y épocas cuando “come mal”. El resultado a lo largo del tiempo es el propio para su constitución, para lo que le dictaron sus genes. Aquí quiero señalar, sin embargo, que los padres o quienes cuidan de sus hijos, sí tienen la obligación de enseñar a sus hijos a comer bien. No lo hacemos. Es mejor darle la leche (“que se tome la leche pués, total no ha comido nada”), o el chocolate y la Nutela que a mí me encanta, o los Doritos, los Chetos, Cheez-Weez –que son chatarra- con tal de callarle la boca, si ya se le enseñó que no se habla con la boca llena. Alimentarse es un hábito. Así lo aprendí antes de ir a la escuela de Medicina. Es algo que se aprende. Es también un instrumento para sobrevivir, lo escribí arriba, desde la época de las cavernas. Se aprende. Pero no se aprende de un día para otro. Algunos nunca lo aprenden. En otros, la exposición a bajos presupuestos o no presupuesto extra lo lleva a comer a las horas indicadas y lo que hay. Me pasó a mí cuando estudiaba fuera del país: a comer lo que me sirvan, vegetales y todo. Pero no perdamos de vista que “comer se aprende”, y comer mal también se aprende.

 

De vuelta a la pregunta que le da título a esta disertación de Asamblea de NNUU. ¿Cómo sé cuándo es poco y cuándo es mucho lo que le doy de alimento a mi bebé, o a mi niño mayorcito? Una forma, viendo su comportamiento a la hora de alimentarlo. Otra forma, observando las curvas de crecimiento que lleva su pediatra.

 

Cuando el bebé saca la boca del pezón o del chupete durante la alimentación, que ya lleva varios minutos (del pecho materno hay niños que en 3 minutos plus ya se han tomado suficiente leche y de la mamadera, es probable que sea cuando la vacía voluntariamente) no insista. Él ya le indica que terminó o no quiere más. Cuando toma leche del pecho materno por más de 10-15 minutos, lo que está haciendo, de allí en adelante, es gozando de la vida. Después de ese tiempo de succión, ya no succiona para alimentarse. Si le alimenta con mamadera, mírese para dentro y revise si no es Ud. una de las que quieren que las paredes internas de la mamadera queden como si no hubiera habido leche allí, para entonces retirarla de la boca del bebé. De insistir, le va a vomitar aparte de la tambarria que ya le debe estar haciendo.

 

¿Cómo sé que es el momento de aumentar el volumen de leche que le doy? Si le da pecho y nota que el niño sigue intranquilo pero además ya Ud. no siente los pechos llenos como hace unas semanas antes, entonces consulte para analizar la situación. Podría ser que la producción de leche ha disminuido y hay formas de mejorarla. Si Ud. le alimenta con biberones, cuando por varios días el niño le pide más a menudo y se succiona el volumen inicial más rápido o pronto, quizás vale la pena aumentar la cantidad que le prepara y le da. Yo recomiendo aumentos no mayores de 15ml (1/2oz) por mamadera y observar el comportamiento del niño.   No cometa el error de dar 2-3 oz más de leche en el biberón de la noche “para que duerma”. Tampoco es cierto que si le agrega cereal a la mamadera, le “va a dormir mejor en la noche”. ¡Falacia! ¡Cuentos de hadas!   ¡Anécdotas!

 

Lo mejor para saber cuánto es ¡conocer a su bebé! Eso se aprende estando cerca de él, con él.

 

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

1 Comment

  1. Caro dice:

    Jaja dr. Escribió este artículo bravo!! No me imagino cuanto mito y cuantas veces le hacen la misma pregunta. Saludos

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