El cerebro es el adicto

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¿Sería esto diferente con la legalización del uso de drogas estupefacientes?

 

En Estados Unidos:

 

  • 2 millones de adictos a la cocaína y a la heroína
  • 15 millones de alcohólicos
  • decenas de millones de fumadores de cigarrillo

 

 

Población de los EEUU=     321,601,000 habitantes (2015)

                                                     50.45% mujeres

                                                     49.55% hombres

 

 

 

 

         Sobrevivencia o reproducción, el mismo sistema instintivo que motiva a los animales a buscar comida, agua y sexo, son los 2 grandes placeres que el cerebro celebra a nivel de una estructura suya conocida como núcleo accumbens y la liberación de dopamina. Este sistema dopaminérgico mesotelencefálico cerebral, que compensa, premia o celebra el placer es el responsable de que el cerebro se haga adicto. La dopamina es un neurotransmisor. El núcleo accumbens es un cúmulo de neuronas. Cuando el núcleo accumbens es bañado por la dopamina, se produce placer, de tal forma que el o los estímulos que lo generan se hacen deseables y atractivos. Esa señal se querrá repetir una y otra vez. La querré repetir una y otra vez. Si se daña el núcleo accumbens o si se bloquea la acción neurotransmisora de la dopamina, el sentimiento placentero disminuye.

 

         En la naturaleza el placer solo se logra con esfuerzo y después de un tiempo. Es decir, no es inmediato, demora. Las drogas adictivas acortan este tiempo.  Cada una de ellas, a su manera propia, logran que la dopamina inunde el núcleo accumbens. El placer que induce no es ni reproductivo ni es de sobrevivencia, pero nuestro cerebro no ha evolucionado lo suficiente como para determinar esta situación.

 

En el individuo adicto por el uso repetido de drogas, las células receptoras se van apagando y con ello se reduce la capacidad de producir dopamina que actúe en este sistema de premiación, pero la necesidad persiste y el consumo de la droga se hace urgente y frecuente en busca de esa premiación que la dopamina, por poca que sea, induciría. Es la única forma de obtener placer. El deseo ordinario se hace compulsivo.

 

Se pasa entonces a un estadio de sensibilización donde el cerebro pierde la capacidad de tener acceso a otras fuentes de premiación y el adicto requiere dosis mayores de la droga y en tiempos más cortos y urgentes. Es como si toda la maquinaria de motivación se alterara y, aún cuando no se produzca placer, se mantiene el uso y abuso del consumo de la droga. Ocurre una neuroadaptación responsable de crear el incentivo. Una forma de retroalimentación desobediente. Las vías alternas más rápidas -en otras estructuras- como el hipocampo (memoria) y la amígdala cerebral, reactivan la maquinaria para producir experiencias placenteras, aunque efímeras.

 

Muchos adictos pueden ver transcurrir largos períodos de tiempo sin consumir. No sospechan que el sistema de premiación está en proceso de recuperación y, cuando dopamina ya se ha recuperado, vuelven a consumir víctimas de un aprendizaje condicionado que crea hábitos. A menudo oímos el consejo al adicto que no visite los mismos lugares que visitaba para consumir, que se separe de las personas con las que consumía, que “cambie” sus hábitos. En este punto, esto no es un asunto de discernimiento ni de fortaleza de carácter, ni de voluntad. La adicción del cerebro gobierna, el individuo es un enfermo.

 

Sí es cierto que los cambios que induce la droga adictiva sobre las conexiones nerviosas cerebrales establecen asociaciones entre las experiencias con la droga y las circunstancias cuando ocurrieron. Por eso, frente a la recreación de lugares, situaciones, emociones, personas, o las mismas sustancias, estas memorias son revividas y se vuelve a consumir o a inyectarse o a beber. Igual efecto desencadenante producen situaciones internas o externas de stress. La familia sale de viaje o llega de viaje, por ejemplo, es suficiente para que un adicto salga a consumir por días. Es el hipocampo cerebral que consolida las memorias y que situaciones de ansiedad o stress disparan o liberan para peores momentos. El adicto es super sensible al stress. Niveles de la hormona liberadora de corticotropina (CRH), el químico cerebral que regula el sistema hormonal del stress, usualmente se eleva en los adictos justamente antes de una recaída y la amígdala cerebral se activa más. Ratones que se crian sin los receptores de corticotropina son menos susceptibles a las adicciones.

 

Las investigaciones sugieren hoy día que las áreas del cerebro ligadas a la adicción son las mismas ligadas al aprendizaje y a la memoria. Se conoce también que la adicción debilita la fortaleza de las conexiones neuronales de las sinapsis, particularmente aquellas que utilizan el neurotransmisor excitador glutamato. A este nivel se lleva a cabo la activación o la supresión de genes dentro de las neuronas por las drogas adictivas.

 

 

El por qué no todos somos adictos puede deberse a que algunos individuos

 

  1. tienen un sistema de premiación más vulnerable
  2. sus respuestas al stress son más intensas
  3. o, forman hábitos adictivos más rápidos

 

 

especialmente entre aquellos que sufren depresión, ansiedad o esquizofrenia, o entre aquellos con trastornos de socialización, como el comportamiento antisocial, la fobia social o los trastornos limítrofes de la personalidad.

 

         Estudios en mellizos y entre adoptados revelan que cerca de un 50% de la variación individual a la susceptibilidad a la adicción es hereditaria. Monos bebés con un gen extra para la producción de ciertas proteínas neuronales son más vulnerables a la adicción a la cocaína. Recientemente , la variante de un gen reduce la cantidad de dopamina que se libera causada por la cocaína en seres humanos, un mecanismo genético de defensa contra, por lo menos, un tipo de adicción.

 

         Es sabido que los individuos también difieren en su capacidad para ejercer un juicio y para inhibir sus impulsos. La corteza prefrontal del cerebro participa para determinar el valor adaptativo al placer que se graba en el núcleo accumbens y examina la urgencia de consumir la droga cuando no es apropiado. Frente a una corteza prefrontal disfuncional -como ocurre con los antisociales- una droga adictiva tiene más capacidad y poder de monopolizar el circuito de la premiación. En adolescentes esta corteza prefrontal no se ha desarrollado totalmente, lo que explicaría por qué se es más susceptible a la adicción en estas edades. Se sabe, por ejemplo, que una persona que no fuma antes de los 21 años, es muy poco probable que se haga adicto a la nicotina.

 

         Los nuevos hallazgos e investigaciones abren la posibilidad de manejar con medicamentos o fármacos las adicciones de forma más eficaz. El asunto es que al mismo tiempo que se descubren sitios donde incidir con el fármaco o químico, se descubren también los efectos adversos, que no son inocuos porque no son puntuales y afectan otras funciones del cerebro humano. Hoy se han probado drogas que interfieren el sistema dopaminérgico bloqueando los receptores de dopamina o antagonizándolos. Por ejemplo, para los adictos a la heroína y el alcohol se ha empezado a probar el uso de naltrexone.

 

         Pero otros problemas hay que resolver. Uno de los más urgentes es el de las recaídas. Neutralizar el efecto placentero no es suficiente cuando sabemos que ya se ha memorizado y que esto llevará al consumidor a tratar de consumir al algún otro momento. Bloquear, por ejemplo, la actividad del glutamato es una forma de incidir sobre el hipocampo, donde se almacena la memoria del placer que la droga produce. Una droga que hiciera este bloqueo sería útil para evitar recaídas. El problema estriba en que el glutamato es esencial en otras rutas neuronales en el cerebro, y su bloqueo no puede ser total y ciego. Las investigaciones apuntan a receptores nerviosos para tipos específicos de glutamato. Acamprosate se utiliza para el tratamiento del alcoholismo, como también se ha propuesto el topiramato, y la memantine para los adictos a heroína. Otros investigadores apuntan hacia formas de controlar el stress, o entrenar el sistema inmunológico para crear inmunidad contra la cocaína y la nicotina.

 

         La adicción no es solamente el resultado de las propiedades adictivas de algunas drogas o substancias sino también de ciertas actividades y relaciones humanas. Jugadores compulsivos, por ejemplo, tiene imágenes tomográficas cerebrales similares a las de adictos a drogas. Las expresiones de adicto a la televisión, adicto a las compras, adicto al sexo, adicto a los videojuegos, etc., pueden ser mucho más que el significado y la importancia que hoy día se le dan.

 

         Es hora también que las Escuelas de Medicina incluyan las adicciones en su currículo, como se hace con otras materias de medicina, pediatría, cirugía y mucho más allá que una página de la psiquiatría.

 

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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