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MÁSCARAS Y NIÑOS

 

La práctica de la medicina basada en evidencia y con sustento en el conocimiento, que arroja y revisa la ciencia con periodicidad apropiada, no es una de concurso, ni es una de arengas. Eso se deja para los carnavales.  Y, a pesar que se basa en evidencia científica, ella se hace con prudencia, humildad y responsabilidad –de responder– frente a la incertidumbre -no infrecuente pero reconocida- que existe a pesar de los esfuerzos porque la certeza siempre sea alcanzable.  Tampoco es una práctica para “valientes” ni para “cobardes”.  Eso se deja para los circos.

 

Existe un artículo, como otros muchos, del cual se ha retractado su autor  y que da pie cojo a algunos, que lo utilizan sin revelar la retracción de él para diseminar falsas premisas.  Solo les dejo la referencia[1]para que no sean sorprendidos, una vez más.

 

Como lo señalan bien, Jeremy Howard y sus colaboradores[2], “la ciencia alrededor del uso de máscaras por el público para impedir la transmisión de COVID-19, avanza rápidamente” y la evidencia científica favorece el amplio uso de ellas “como fuente de control para reducir la transmisión comunitaria”.  La directiva higiénica de utilizar máscara facial para disminuir el número de personas infectadas por quien usa la máscara, se conoce en inglés como “source control”, traducido libremente como control de la fuente.

 

Ya hace un tiempo conocemos que:

(1) el material usado para las máscaras no médicas obstruyen el paso de partículas del tamaño necesario[3][4];

 

(2) el período inicial de la infección –período pre-sintomático que puede ser de 2 días a 15 días, con una media de 5.1 días- es uno donde son significativos los contagios[5][6], debido la rápida y creciente replicación viral con el esperado aumento de la carga viral[7]en las vías respiratorias superiores (un estudio de la dinámica temporal del virus infiere que la capacidad de infectar se inicia 2.3 días antes de aparecer el primer síntoma y hace su pico a los 0.7 días de iniciada la sintomatología[8]);

 

(3) está probada -por diversos estudios epidemiológicos y ecológicos- la sustancial disminución de la transmisión comunitaria, donde se requiere el uso amplio y general de las máscaras;

 

(4) las personas asintomáticas parecen ser las responsables de 40-45% de las infecciones por SARS-CoV-2[9];

 

(5) la carga viral de SARS-CoV-2 analizada por grupos de edad, revela que en los niños es similar que en los adultos, e inclusive superior[10]; y,

 

(6) también se ha reportado que, la carga viral en la saliva de niños con síntomas moderados y en niños asintomáticos no es significativamente diferente.[11]

 

Estas 2 últimas consideraciones dan sustento al uso de máscaras en los niños.  Si las máscaras se deben utilizar desde los 2 años de edad o desde los 3 años o los 5 años, no tiene una respuesta que satisfaga a todos y se presta también a lo anecdótico.  Pero en estos grupos de edad, la respuesta no la da la eficiencia del uso de la máscara sino la capacidad que se logra con el desarrollo y crecimiento del niño. Ese desarrollo y crecimiento gozan de una variabilidad reconocida por todos los que tratamos niños y por todas las familias donde hay niños, como es reconocida la dificultad de que niños pequeños no solo obedezcan recomendaciones como éstas sino que entiendan el objeto de ellas o, incluso, lo vean como una oportunidad de jugar.

 

Sí, mi información la recibo, entre otras fuentes, de la Academia Americana de Pediatría (AAP).  Es un referente mundial para los pediatras que ponemos a los niños por delante de los intereses de otros, y es una asociación con un reconocimiento de seriedad que se le planta a cualquier juego de palabras erráticas, por más educadas que sean.

 

La AAP revisa sus Planteamientos (“Statements”) con frecuencia que le dicta la acumulación de evidencias. Por eso, hace poco se pronunció sobre el uso de máscaras en niños, pasado un año del inicio de la pandemia y en situaciones particulares: espacios abiertos y espacios cerrados, en lugares públicos y en lugares privados, en las escuelas y en los transportes, etc. [12]

 

Con este equipaje de revelaciones científicas es que el uso de la máscara facial, tanto para proteger al otro como a uno mismo, se ha considerado un consejo apropiado y una norma que debe cumplirse en particulares circunstancias.  Esto no quiere decir que la normativa es inmodificable, pero sí significa que tiene sustento científico, es ética y no es una arbitrariedad .

 

Lo que no es ético es acceder a estudios doblemente ciegos y controlados sobre el resultado para la salud de utilizar máscaras y no utilizarlas, con esos dos grupos de individuos expuestos al SARS-CoV-2, o promover quitarse y quitarle las máscaras a otros, a pesar del riesgo real de infectar e infectarse.

 

Con la paulatina liberación de medidas de confinamiento y cuarentena, y el creciente número de personas vacunadas, se constituye más importante que nunca, mantener baja la contagiosidad del COVID-19.  Esto se logra con educación científica a la población y no con arengas anárquicas e irresponsables o repetición de slogans extranjeros de conspiracionistas y políticos complacientes y electoreros.  5/7/21

 

 

[1]Vainshelboim B: Facemasks in the COVID-19 era: A health hypothesis. Med Hypotheses2021 Jan; 146:110411

[2]Howard J, Huang A, Li Z, et al: An evidence review of face masks against COVID-19.PNAS January 26, 2021 118(4) e2014564118; https://doi.org/10.1073/pnas. 2014564118

[3]Fischer EP et al: Low-cost measurement of face mask efficacy for filtering expelled droplets during speech. Sci Adv 2020; 6(36): 3083

[4]Leung NHL et al: Respiratory virus shedding in exhaled breath and efficacy of face mask. Nat Med2020; 26:676-680

[5]To KK-W, Tsang OT-Y et al: Temporal profiles of viral load in posterior oropharyngeal saliva samples and serum antibody responses during infection by SARS-COV-2: An observational cohort study. Lancet Infect. Dis.2020; 20, P565-P574

[6]Zou L, Ruan F et al: SARS-CoV-2 viral load in upper respiratory specimens of infected patients. N Eng J Med2020; 382:1177-1179

[7]van Doremalen N et al: Aerosol and surface stability of SARS-CoV-2 as compared with SARS-CoV-1.  N Eng J Med2020; 382:1564-1567

[8]He W, Yi GY, Zhu Y: Estimation of the basic reproduction number, average incubation time, asymptomatic infection rate, and case fatality rate for COVID-19: Meta-analysis and sensitivity analysis. J Med Virol2020; 92:2543-2550

[9]Oran DP, Topol J: Prevalence of asymptomatic SARS-CoV-2 infection: A narrative review. Ann Intern Med2020; 173:363-367

[10]Jones TC et al: An analysis of SARS-CoV-2 viral load by patient age. https://doi.org/101101/2020.06.08.20125484(9 June 2020)

[11]Han M et al: Viral RNA load in mildly symptomatic and asymptomatic children with COVID-19, Seoul. Emerg Infect Dis2020; 26:2497-2499

[12]AAP News.  Trisha Korioth, Staff Writer: AAP: Masks encouraged for camp, child care, school to prevent COVID-19. May 26, 2021

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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