PRIMEROS ALIMENTOS SÓLIDOS

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PRIMEROS ALIMENTOS SÓLIDOS

  • “Doctor, ¿por qué los pediatras de mis amigas le empiezan los alimentos más temprano a sus pacientes?”
  • “Esa pregunta no es para mí”, le contesto

 

 

 

Detrás de la alimentación de los infantes hay evidencias científicas. La forma de hacerlo, es arte.  Los requerimientos calóricos, de líquidos y de nutrientes y micronutrientes (proteínas, carbohidratos, grasas, minerales y vitaminas) también ya se han establecido.

 

Para los 4-6 meses de vida, puntualmente para los 6 meses de vida, la función del tracto gastrointestinal, que no es la integridad de su estructura sino la presencia adecuada de ácidos biliares y enzimas digestivas, ya es apropiada para el manejo o digestión y utilización de los alimentos ingeridos.  El desarrollo neurológico del niño, que le permita funciones de masticación, deglución, respiración y su coordinación, también ya es confiable.

 

Estos son los elementos esenciales que el pediatra conoce para orientar el proceso divertido de la alimentación de sólidos en el infante.

 

En los últimos años se han adoptado variaciones sanas en la alimentación de los niños. Yo las he mencionado en otros artículos en mi sitio en la red.  También se han publicado resultados de estudios que permiten señalar hallazgos que modifican algunas prácticas anteriores.

 

Cuando su pediatra le dice que hoy se inician los alimentos sólidos “más temprano” puede estarse refiriendo a la forma como él o ella lo hacían antes.  Desde muchos años atrás, sin embargo, para los que seguimos las direcciones de la Academia Americana de Pediatría en asuntos de crianza y puericultura, niños de 4 meses de edad y, definitivamente, de 6 meses de edad están listos para iniciar la ingestión de alimentos sólidos.  Por ello, la AAP dice “a partir de los 4 meses, preferentemente a los 6 meses de edad” se inician los alimentos sólidos[1].

 

¿Qué sabemos hoy que puede producir alguna confusión al respecto?

 

Un estudio frecuentemente señalado en Israel reveló que niños con una historia familiar importante de alergias al maní, presentaron menos o ningún problema a la ingesta del maní si pertenecieron al grupo experimental que se le dio maní a los 3-4 meses de edad, cuando se comparó con un grupo control de similares características demográficas y riesgo de alergia al maní, y al cual se le inició esta nuez a los 2 años de edad. Entonces se dijo: “la introducción temprana de este tipo de alimentos es favorecida”.  Esto pudo interpretarse como que todos los alimentos del bebé se podrían iniciar mucho más temprano, v.gr., desde los 2 o 3 meses de edad.  Bueno, eso no fue lo que resultó de aquel estudio entre pacientes hebreos.

 

 

¿Qué otra indicación o sugerencia se ha producido en los últimos años que puede haber producido algún grado de confusión?

 

El concepto de que la alimentación del bebé debe ser un proceso divertido, que no se debe asumir que el niño o la niña es alérgico a alimentos alergenos conocidos o a los que algún miembro de la familia es.  Por ello, hoy se recomienda que al iniciar la introducción de alimentos sólidos se haga sin restricción puntual de ninguno de ellos y se observe por reacciones que sugieran alergia para investigarlo en lugar de aplicarle un calificativo de alérgico al niño o niña y de limitarle las oportunidades de tomar todo tipo de alimento.

 

 

El pediatra debe estar preparado sobre los aspectos que la investigación en nutrición ha ido descubriendo y debe orientar a los padres en base a estos conocimientos sin despreciar los aspectos culturales de cada sociedad.  Por ello, hay variaciones en la forma o estilo de cada uno y ello no es criticable en la medida que respecta el conocimiento cimentado por la investigación.[2]

 

Las prácticas de alimentación en los niños están sensiblemente influidas por aspectos culturales, regionales, económicos, sociales, incluso por apego o no a la cocina, la delegación de esta obligación a las empleadas de servicio o a las “nanas” o “prácticas”, al mercadeo de alimentos y las corrientes de “expertos”, y la forma cómo los padres se alimentan.

 

Esto no significa que la responsabilidad de orientar a la familia, el pediatra la debe abandonar.  Una alimentación sana disminuye los riesgos de enfermedad crónica,  como serias complicaciones endocrinas como la diabetes y la obesidad, o la misma enfermedad cardiovascular y renal.  En resumen, no se trata de una oferta alimenticia para satisfacer apetitos.

 

 

 

 

[1]American Academy of Pediatrics. Committee on Nutrition. Pediatric Nutrition Handbook. 6th. Edition. Chapter 8: Cultural Considerations in Feeding Children. P.186. 2009

[2]Previll KV: Nutrition. Chapter 37 in Succint Pediatrics. Evaluation and Management for Common and Critical Care. Ed: Leonard G. Feld, MD, PhD, MMM, FAAP and John D. Mahan, MD, FAAP. American Academy of Pediatrics, 2015.

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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