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Vacunaciones fallidas

Las vacunas no protegen eficazmente contras las enfermedades para las cuales están manufacturadas si no cumplen una serie de requisitos, descubiertos durante los estudios hechos en diferentes estadios de su investigación. Discutiré alguno sin enfatizar la importancia de su conservación en frío, en lo que se ha llamado “la cadena del frío”, y que no significa mantenerlas congeladas sino a temperaturas estipuladas que aseguren su propósito biológico.

Si un niño recibe una sola dosis de polio, ya sea con virus vivo atenuado (forma oral) o con virus inactivado o muerto (forma inyectable), ese niño no está aún o no lo estará nunca, protegido contra esta enfermedad. Si un niño recibe la vacuna triple contra sarampión, rubeola o paperas a los 6 meses de edad, a ese niño nadie le puede asegurar que ya queda protegido contra estas enfermedades. Si un niño recibe en una sola inyección tres vacunas mezcladas al momento de aplicarlas (“un cocktail”), cuando de la industria se reciben individualmente, a ese niño nadie puede asegurarle que ha sido propiamente vacunado y, por ende, que comenzará a producir los anticuerpos necesarios para protegerse contra esas enfermedades.

Dicho de otra forma, para cada vacuna hay una edad mínima y máxima a la cual se debe vacunar, antes y después de la cual no se logra mayor protección aplicarla o no puede utilizarse porque no está respaldada por estudios necesarios; un número de dosis totales para considerar la vacunación completa; un número de dosis de refuerzo, para rescatar niveles de anticuerpos protectores en el individuo debido a que con el tiempo de aplicadas, disminuye o se desvanece la protección; y un intervalo entre unas y otras dosis, para asegurar una más robusta producción de defensas específicas.

Como cada individuo responde diferente a las vacunas, no podemos predecir con total certidumbre, cuán bien protegido estaría un individuo vacunado, pero los esquemas asignados a cada vacunación, sí aseguran que la protección de la mayoría de ellas, alcanza 995% y 99% de las poblaciones vacunadas. Pero esto solamente si se cumple con los esquemas científicamente probados. Por ello, los médicos, particularmente los pediatras, recurrimos a instituciones involucradas en la vigilancia de las vacunas, para vacunar de la forma establecida por ellas. No es infrecuente que esas directrices sean alteradas por gobiernos con o sin buen fundamento científico, desafortunadamente no pocas veces, bajo presiones financieras o políticas que desoyen la evidencia probada.

Hay decisiones que ponen en la balanza, por ejemplo, cuánto se ahorra con una o dos dosis menos del total recomendado de 4 durante el primer año de vida de la vacuna contra las infecciones por 13 variantes de la bacteria neumococo (Prevenar 13®) vs cuánto se gana porcentualmente en protección de los niños y desechan el consejo basado en los estudios de que ser reciban 4 dosis en el primer año de vida si la primera dosis se dio a los 2 meses de edad, por ejemplo. Es infortunado que, en esa decisión, se afecte un mejor porcentaje de protección a la población nacional mientras quienes toman esas decisiones, cumplen a nivel privado con el número de dosis científicamente recomendadas. La excusa que se “vacunan” más niños al recortar el número de dosis por niño es una falacia. Vacunación incompleta no es vacunar.

Es igualmente infortunado que, mientras las niñas de 10 años de edad las protege el estado contra la infección por el virus del papiloma humano, causante significativo del cáncer cervical uterino, no vacune igualmente a los varones, cuando ya sabemos que ese virus ha reemplazado al cigarrillo como la primera causa del cáncer de garganta y amígdalas en los varones. Pero no desaprovecho para señalar que esa vacunación que se lograra en el quinquenio anterior al actual, no se cumple a cabalidad cuando la autoridad no sale a buscar esas poblaciones de niñas de 10 años de edad en todas las escuelas y barrios del país, y tampoco cumple al favorecer cierta forma de segregación de género, al no vacunar a los varones.

Desde hace ya más de 6 meses, los pediatras hemos visto afectados los programas de vacunaciones de nuestros pacientes porque la industria no abastece con tiempo ni con volúmenes apropiados los diferentes biológicos para inmunizar contra enfermedades como varicela, sarampión, paperas, rubeola, o, difteria, tos ferina y tétanos de niños mayores de 7 años, y adultos como embarazadas. No es verdad, que las necesidades de proteger a los nacionales son diferentes de las necesidades establecidas para erradicar estas enfermedades. No es verdad que no tenemos tos ferina neonatal y que por ello no es necesario vacunar a la mujer embarazada con cada embarazo, después de la semana 27 del mismo o vacunar al personal de salud de las salas de recién nacidos. No es verdad que es mejor sufrir la varicela que vacunar contra ella y menos verdad es que sea política de salud pública e higiene solamente vacunar contra la varicela a aquellos niños en cuyo hogar exista un caso probado de varicela. En ningún texto sobre medicina, pediatría e inmunizaciones, es esa la forma ni la razón para vacunar contra la varicela. Tampoco es verdad que esa vacuna, en particular, no deba ser recibida por todo adulto no vacunado.

Cierto es que aún hay nuevos interrogantes sobre las vacunaciones que responden precisamente a la estrecha vigilancia que se hace de todo el proceso pero los programas de vacunación, que se establecen para erradicar enfermedades, se revisan periódicamente para asegurar a la población eficiencia y seguridad de las vacunas. Hay una responsabilidad compartida que solo se logra con la consistencia y predicción por parte de las autoridades de salud; con la educación de la población, sin amenazas ni sustos innecesarios, que si se recurre a ellos es por pobre cumplimiento con la disponibilidad y aplicación de vacunas; y con el compromiso serio de quienes vacunamos con todo el proceso, que incluye nuestra propia educación, la educación del paciente y el estricto cumplimiento de las recomendaciones nacidas de la evidencia probada.

Cuando pregunto a los representantes de la industria por qué este desabastecimiento, muy pocos pueden dar otra razón que no sea que la Dirección Nacional de Farmacias y Drogas, les pone un sinnúmero de obstáculos, cada vez nuevos y mayores. Cuando se pregunta en aquel lugar, la respuesta es que los representantes de la industria no cumplen con los requisitos para darle el visto bueno o la licencia a tal producto; algo que parece insólito cuando son vacunas conocidas hace muchos años y aprobadas con antelación. Lo delictivo sería que haya otros intereses que se pueden satisfacer forzadamente ante la demanda de las vacunas. Y exponencialmente delictivo por fallarle a los niños para prevenir enfermedades fatales que se logra con las vacunas.

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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