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El estribillo es “salud igual para todos”, o, “salud para todos”; pero, además localiza la responsabilidad en el Estado. El Estado paternalista, ese que también es presidencialista, prioritariamente el electorero, el que regala refrigeradoras y perniles de cerdo y muslos de pollos con encuentros, o, desencuentros. El Estado complaciente, el de las adendas y los subsidios, el Estado corrupto. Entonces…

Entonces a la hora de discutir deberes nos hacemos de la vista gorda o miope, y a la hora de exigir y demandar derechos, lo hacemos sin ni siquiera conocerlos. Y, peor, somos muy buenos para quejarnos y pésimos para cambiar nosotros mismos y primero. Un círculo vicioso que se abona de la pereza y la comodidad, de la ignorancia y el abuso, y, por qué no, de la corrupción propia que ni siquiera la pasamos por el filtro de la crítica ética.

Claro que el Estado panameño tiene obligaciones con los ciudadanos con respecto a la prevención de la enfermedad, al crecimiento y desarrollo sanos, a la recuperación de la salud y a garantizar dignidad para la vejez. Y, claro que tampoco lo hace bien del todo y ni todo bien. Pero, ¿qué obligaciones tengo yo?, ¿qué obligaciones me impongo yo, con la misma iniciativa y prontitud con que critico?

En las condiciones del mundo de hoy, los estilos de vida son y deben ser los únicos filtros para las coberturas de salud –no lo congénito de una condición ni la frecuencia como se presenta- de tal forma que se “empodere” al individuo de su salud, de la prevención de la enfermedad. Aquellos ciudadanos que pueden acceder a coberturas por enfermedad y prevención a través de empresas privadas, las aseguradoras, como aquellos individuos cuya condición laboral les facilita cotizar a una institución social del Estado suelen en alguna forma, satisfactoria o no, tener el cuidado que se dispense para sus condiciones.

Como la ciudadanía no la concede el capital económico, la capacidad financiera, ni el privilegio de tener un trabajo, el Estado tiene que velar porque todos los miembros de la misma sociedad –no pocas veces pobre en observar la equidad- reciban la atención necesaria y pronta a sus necesidades de salud. Pero delante de todo ese panorama de instituciones afines: médicos, clínicas, farmacias, laboratorios, tecnología médica, hospitales y casas de retiro, está la obligación personal por cuidar de la propia salud y respetar el cuidado que se le merece a la salud de los otros ciudadanos.

 

Es por todo esto y otros elementos sensibles de la relación empresarial de la industria de la Medicina, que no son exclusivamente los médicos, que el Estado tiene la obligación de (1) promover y vigilar por un cuidado y atención médicas decente y asequible a todos, pronta y oportuna, científica y humanista; (2) lograr una negociación con la industria farmacéutica, con respecto a los precios de las medicinas, sin menoscabo de otras empresas pero sin una diversificación maligna de ésta; (3) exigir el estricto cumplimiento de las obligaciones contractuales adquiridas por los profesionales de la Medicina en todas sus instituciones; (4) crear incentivos sanos y éticos, tanto entre los profesionales médicos como entre los empresarios de la industria médica, que garanticen un mejor servicio a los enfermos.

El cumplimientos de estos 4 propósitos hará del cuidado médico no solo una empresa responsable sino también rentable y más costo eficiente. 10/08/2017

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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