Entre educar y curar

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Entre educar y curar

La educación en el profesionalismo de la Medicina ha sido veladamente empujada, desde su deshumanización, hacia las orillas del derecho. El “currículo oculto” ha ido favoreciendo un aprendizaje ya no de cómo ser médico, sino de cómo protegerse de los abogados, convirtiendo cada proceso de investigación y tratamiento de la enfermedad en un documento que soporte el embate de la jurisprudencia, y cada médico en un hombre de leyes.

Si los avances de la tecnología aplicada a la Medicina encarecen el valor del ejercicio médico; si el triunfo de la ciencia y la técnica sobre la enfermedad aumenta la sobrevivencia en todas las edades y con ello, las nuevas poblaciones de ancianos se han hecho más densas; también es significativa la contribución de la mirada que escudriña el error en la Medicina para hacerla no solo costosa sino, peor, onerosa.

En latitudes de grandes injusticias en la oferta de oportunidades a las gentes, la entrada de la ignominiosa pobreza y corrupción está en los peldaños que llevan al enriquecimiento injusto y bajo los capiteles de la salud y la educación abandonados. Pero la atención de la salud no solo se deteriora en su incapacidad de llegar al enfermo cálidamente, sino también en que no llega oportuna y científicamente. Y es así, en la medida en que la formación y educación del médico es rebasada por otros asuntos que no son propios del estudio minucioso de esa intimidad biológica, que se interrumpe el triunfo sobre la enfermedad.

Para solo abordar aquel período de mi formación inmediatamente anterior a la puesta en práctica de mis conocimientos y habilidades como neonatólogo, es importante recordar que durante mis años de formación postdoctoral en la subespecialidad de la Neonatología, mi profundo celo por la excelencia absorbía mi tiempo en mi formación profesional. ¿Una forma de egoísmo personal? Sí, al punto de sacrificar no solo mi atención a mi familia que empezaba, sino las propias vidas felices de ella. ¿Una clara concepción de mi obligación de servicio óptimo? Sí, al punto de nunca saciar mi sed de aprender y conocer.

Ya para entonces, tomaba yo las decisiones médicas sobre el cuidado de recién nacidos prematuros y enfermos frente a un grupo de médicos que se entrenaban en la pediatría, y de pediatras que iniciaban sus estudios en la neonatología, algunos de entre ellos que ya ostentaban grados superiores al doctorado médico. Revisaba diariamente con mis superiores profesionales cada caso, pero ellos se retiraban a sus otros oficios de docencia e investigación, aunque siempre asequibles a cualquier necesidad que yo tuviera de su consejo o análisis. Intervenía juiciosamente en cada procedimiento que requiriera mis habilidades y experiencias como un instrumento de docencia para quienes estaban bajo mi responsabilidad docente.

Entonces, no había tiempo para discutir el bloqueo de Cuba, la revisión de las relaciones de los Estados Unidos con China, la reglamentación de las escuelas de Medicina norteamericanas de limitar el número de estudiantes extranjeros en los programas de residencias, etc., etc. Quizás por eso y gracias a eso, durante mis largos años en los Estados Unidos, me gradué, primero como pediatra y, luego como neonatólogo y no como doctor en ciencias políticas u organizador de grupos gremiales y sindicalista. Pero es que yo estudié medicina primero, pediatría después y neonatología finalmente, para ejercer mis habilidades y poner en práctica mis conocimientos frente a la salud y la enfermedad de esas poblaciones de niños e infantes.

Siempre he insistido en esa imagen que nunca se borrará de mi memoria, de toparme cada día, en una dirección y en la otra, con dos o tres colegas en formación discutiendo los problemas de una nueva admisión al servicio hospitalario, o de la evolución de un paciente con un problema no resuelto, o de las últimas lecturas en las más exigentes revistas médicas de las especialidades de interés. No había tiempo para leerse el Libro Rojo de Mao, las novelas de Milan Kundera (que conocí después y están entre mis preferidas), las múltiples teorías del asesinato de John F. Kennedy; o seguir los pasos del sindicalista Jimmy Hoffa. Hoy, en nuestros hospitales, el médico en formación quiere menos horas de trabajo, menos evaluaciones académicas, menos años de formación y, más salarios. Esta combinación de exigencias están creando profesionales sin profesión, sin entrega al paciente, sin pasión por el servicio, y, con pobre criterios diagnósticos y peores decisiones terapéuticas.

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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