MMR, SARS-CoV-2, COVID-19

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La prudencia y la cautela frente a potenciales beneficios de fármacos experimentales, conocidos o nuevos, pareciera estarle cediendo paso al concepto de la “urgencia notoria” para su uso, a riesgo de ser indiscriminado, frente a los graves resultados en poblaciones, inicialmente definidas, de la infección por el SARS-CoV-2.  Incluso me he atrevido a escribir que no me sorprendería que la Pandemia nos eduque a los médicos, en otra dirección.  Pero no se puede esquivar que, frente a una infección que arrasa poblaciones enteras a la muerte, hay que enfrentar la urgencia inmunológica de encontrar alivio, cura y prevención.

 

Entre las últimas noticias que provocan cuestionamientos válidos y decisiones inválidas, está la hipótesis de revacunación con la vacuna MMR (por sarampión, paperas y rubeola) para “prevenir el COVID’19”, aunque ningún organismo de salud ha incluido esta vacuna para prevenir ni la infección por el SARS-CoV-2 ni la enfermedad, COVID-19. La advertencia de los diversos autores sobre la necesidad de otras investigaciones antes de aprobar su práctica clínica parece ser el renglón que no se han leído otros.

 

Adam Young y sus colaboradores de la Universidad de Cambridge, identificaron homología de secuencias de proteínas de fusión (“fusion proteins” o, proteínas que se generan de la fusión de partes de dos genes diferentes) o dominios proteicos, de los virus de sarampión, paperas y rubeola con el SARS-CoV-2[1]De allí surge la hipótesis.  Ellos señalan, que esos porcentajes de homología (un 29%) encontrados en las secuencias de amino ácidos les sugiere a ellos, que la vacuna MMR podría proteger contra las serias complicaciones del COVID-19.  En otras palabras, que la estructura biológica sugiere esta cualidad de la vacuna MMR con respecto a la infección por el virus del COVID-19.  Para ello, recurren a un estudio epidemiológico basado en información histórica de los programas y recomendaciones de vacunación en tres países con la mayor incidencia de COVID-19: Italia, España y Alemania.  Además, calcularon el riesgo de la fatalidad de caso ajustada por edad, separada por sexo y como un porcentaje.  Para esto utilizaron los casos reportados y confirmados de COVID-19 y cuyo origen demográfico era conocido. Como puede colegirse inmediatamente, esta data no es última ni definitiva.  Tampoco es un estudio prospectivo.  A pesar, su observación es que la población más propensa a morir de COVID-19 era la más vieja o mayor, de varones y menos probable de tener anticuerpos contra la rubeola.  Con todo y esto, este grupo sugiere que la MMR no previene la infección por COVID-19 pero podría potencialmente reducir los resultados pobres de la enfermedad. Esa es la hipótesis.

 

Jeffrey E. Gold, Larry P. Gilley y William H. Baumgarti[2], de World Organization, en un informe que tampoco consideran final, refieren que las asociaciones epidemiológicas sugieren que existe una indicación de que la vacuna MMR podría conferir también o además, protección contra el virus del COVID-19.  Sus investigaciones resaltan que, (1) la edad cercada a los 50 años como la edad donde se encuentra el punto de aumento significativo de mortalidad por COVID-19. Hasta esa edad los aumentos de la mortalidad son pequeños cada año, desde el nacimiento y este comportamiento también es muy diferente para con otras enfermedades; (2) las poblaciones de adultos que recibieron 2 dosis de MMR (la mayor parte menores hoy día de 41 años o menos, de edad) en lugar de una dosis (la mayor parte de 49 años de edad y menos, hoy día), debido a los cambios en las recomendaciones para vacunar, podrían explicar ese aumento de mortalidad COVID-19 alrededor de los 50 años de edad o mayores; (3) en países donde se comenzó a vacunar a poblaciones mal vacunadas, para mejorar la cobertura, en las últimas décadas, la incidencia de muerte por COVID-19 es inferior, e incluso, en algunos países, no se ha dado ningún caso de muerte entre ellos.

 

Vale la pena señalar que Panamá tiene una cobertura de vacunación contra sarampión, rubeola y paperas que anda entre el 85%-95% de la población con frecuentes campañas de vacunación de barrido en poblaciones pediátricas y de adultos.  Com esta cobertura y bajo las sugerencias que arroja este estudio epidemiológico, sería de esperar números muy inferiores a los que estamos conociendo todavía.

 

Paul L. Fidel, Jr y Mairi C. Noverr[3], en New Orleans, van más lejos y animan con ímpetu por “el uso de la vacuna MMR (las siglas en inglés para sarampión, paperas y rubeola) como una forma de prevención contra las peores secuelas de COVID-19”.

 

En el campo de las vacunas y la inmunología es conocido que ellas ejercen su protección mediante dos formas de inmunidad, la inmunidad específica de la vacuna para proteger contra el o los organismos interesados; y, la inmunidad “aprendida” o “entrenada”, inespecífica, porque protege contra otros organismos no contemplados en su manufactura. La primera forma de inmunidad, se conoce como “adaptativa”, y la segunda forma de inmunidad, se conoce como “innata”[4].

 

Las vacunas vivas atenuadas tienen esta particular habilidad de inducir o de potenciar defensas -de forma secundaria o no específica- contra otras patologías infecciosas, al menos por un tiempo perentorio posterior a la vacunación.  Un caso dramático es la vacunación con la BCG (por, Bacilo Calmette Guerin), la vacuna contra la tuberculosis[5]. También se ha escrito sobre la respuesta a la vacunación de cepas atenuadas de hongos, que inducen una protección innata o entrenada, en la sepsis polimicrobial o de varias bacterias en animales experimentales, al estimular mejor función antimicrobiana.  Aplicar estos conocimientos y fenómenos en la búsqueda de una respuesta favorable al mecanismo inmunológico, para combatir enfermedades como COVID-19, definitivamente es plausible y provocativo.  Dar el salto requiere prudencia y más información.

 

Los mecanismos inmunológicos íntimos son muy interesantes y conocidos por no todos los que practicamos la medicina o la pediatría.  Lo cierto es que ahora, todos conocemos de todo y estamos dispuestos a tratarlo todo como si una o dos observaciones fueran suficientes para abrir la brecha por donde andar.  Tampoco es que queremos bloquear el camino por andar, pero primero, hay que andarlo. A lo mejor, aquí hay un camino que se irá pavimentando desde los escenarios donde la data se colecta íntegramente y se respeta honorablemente.  Ahora, no lo sabemos, tenemos una hipótesis sobre su bondad, aunque para algunos, hay motivos de empezar a actuar.  En esta encrucijada no solo estamos los médicos sino la Medicina.

 

Yo sugiero que sea su pediatra quien asegure que sus niños sean apropiadamente vacunados con todas las vacunas disponibles, incluyendo la vacuna contra sarampión, rubeola y paperas (MMR).  Todo niño que tiene la edad para vacunarse con MMR debe recibir las dosis correspondientes y para un total de 2 dosis, alrededor de los 4-6 años de edad.  Aquellos niños y jóvenes con vacunación incompleta, se les debe completar en cualquier momento.  Adultos jóvenes si desconocen su estado vacunas pueden recibir la vacuna de sarampión y rubeola (MR).

 

Vacunar con MMR o con BCG para prevenir la infección por SARS-CoV-2 es solo una hipótesis que requiere de mayor investigación y no debe constituirse en parte de la práctica clínica, hasta reproducir resultados y tener más investigación.  Si bien es cierto que vacunar a adultos con MMR no tiene mayores contraindicaciones, también es cierto que la demanda aumentada por esta iniciativa sacrificaría la vacunación infantil.

 

Ni el CDC (Centro de Control de Enfermedades de los EU) ni la AAP (Academia Americana de Pediatría) recomiendan el uso de ninguna vacuna existente (contra neumococo, contra tuberculosis, contra sarampión, rubeola y paperas) para prevenir COVID-19.

 

No es cierto que vacunar con MMR, por ejemplo, es algo de «bajo riesgo y alta recompensa».  La pandemia ha traídos muchos mitos y muchos riesgos como atrasar el manejo apropiado del paciente en centros médicos y hospitalarios por demorar la asistencia a ellos o por una demanda que supera las capacidades hospitalarias y médicas, debido a factores diversos.

 

En Pediatría agregamos dos preocupaciones: (1) la disminución de la protección contra enfermedades infecciosas para las cuales hay vacunas, por el temor de asistir a las visitas de control de Niño Sano para recibir las vacunas recomendadas, y (2) el desabastecimiento de vacunas que enfermarían a los niños de serias enfermedades, como, puntualmente el sarampión debido a la divulgación de una recomendación no probada de vacunarse con la MMR (sarampión, rubeola y paperas) a los adultos, en búsqueda de una protección contra COVID-19 y sus complicaciones más serias.

 

 

[1] Young A, Neumann B et al: Homologous protein domains in SARS-CoV-1 and measles, mumps and rubella viruses: preliminary evidence that MMR vaccine might provide protection against COVID-19. doi: https://doi.org/

[2] Gold JE, Tylley LP & Baumgarti WH: MMR Vaccine Appears to Confer Strong Protection from COVID-19: Few Deaths from SARS-CoV-2 in Highly Vaccinated Populations. Preprint March 2020. Doi: 10.13140/RG.2.2.32128.25607

[3] Fidel PL: ExRasCOVID-19_MMR_Editorial

[4] Sánchez-Ramón S, Conejero L, Netea MG et al. Trained Immunity-Based Vaccines: A New Paradigm for the Development of Broado=Spectrum Anti-infectious Formulations. Frontiesr in Immunology. Vol 9 Article 2936. December 2018

[5] Miller, Reandelar, Fascglione, Roumenova et al. Correlation between universal BCG vaccination policy and reduce morbidity and mortality for COVID-19: an epidemiological study. medRxiv 2020; 20042937

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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