OLAS DE ODIO E IGNORANCIA

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Como una enésima ola reaparecen epítetos vulgares, unos, e irrespetuosos, los otros, con respecto a las personas que tienen una orientación sexual diferente a la propia de cada uno.  Esto se puede explicar desde diferentes posiciones y, cada una, tendrá oposición y tendrá coincidencia o aprobación. Así es la riqueza de la diversidad.  Y la diversidad sexual es una de esas que debe permitirnos explorar la respuesta humana.  Pero, el estilo, lo echa todo a perder.

 

Convertir el rechazo o la aprobación de las personas en razón de su orientación sexual es tan igual como hacerlo en base a su práctica religiosa, el tinte de su epidermis, el origen de sus ancestros, o su estado migratorio.  Curiosamente, son las mismas personas siempre.  Quien discrimina e insulta en este escenario, lo hace en este otro.  Otra cosa es aprobar o desaprobar comportamientos sociales, que no son los mismo que roles sociales.  En el arte, y también en las ciencias, pero en el arte, de forma contundente, la homosexualidad es bastión de la creatividad y cuando admiramos el arte, no nos estamos preguntando sin el artista desea como su compañía a una persona, a un ser humano, de su mismo género sexual.  Pero a la hora de los derechos, somos implacables, vulgares y hasta ignorantes.

 

No se ha entendido que sí hay derechos humanos, que sí lo son para mí como para Ud., que no son un concurso de belleza ni de simpatías, y que están para proteger, precisamente, a las minorías dentro de una sociedad donde las mayorías, reconocidas y respetadas, pueden equivocadamente convertirse o proclamarse de forma absoluta, en los dueños de los juicios y acciones certeras. Existen muchas situaciones de las que somos testigos, donde las mayorías se equivocan y se han equivocado. Y, decir, esto, no es relegar el lugar de quienes constituyen una tendencia de opinión, sino ponerlos en su lugar.

 

La no coincidencia entre los genitales externos y los deseos u orientación sexual, como en la homosexualidad, es una situación infrecuente pero no es rara.  Mucho más raro y difícil es que exista coincidencia entre lo que queremos del Otro y lo que el Otro quiere para sí.  No hay que trasladarse al mundo de la sexualidad para entenderlo.  Veamos el hijo o el padre que no llena las expectativas egoístas de su padre o de su hijo.  ¿A quién se condena?  A la felicidad.  A ese estado de ánimo que nos permite vivir plenamente para los demás y para nosotros, con alegría y empatía.  Allí, donde la posibilidad del éxito está más cerca.  Mire, por ejemplo, la profesión o la labor que se ejerce por escogencia y no por imposición o complacencia ajena.

 

En estos días leí algo que realmente me dio escalofríos: “soy hijo de heterosexuales”, como si homosexuales y lesbianas no lo fueran.  Y, además, eso no es lo mismo que decir, soy hijo de padres que me aman, que me protegen, que me visten, que me dan techo, que me forman y educan, que me respetan.  Allí, el padre o la madre que abandona a su esposa o esposo, o a su compañero o compañera, y a sus hijos, ¿qué familia tiene y defiende? Peor, y aún más, tiene miles que le defienden esa “familia”.   Las restrictivas definiciones son tan dañinas como las que se olvidan del origen, y el desconocimiento de materias sociales y biológicas, agravan y obstaculizan el posicionarse correctamente.

 

Es necesario recordar que los derechos humanos nos son innatos a los hombres y que debemos observarlos y respetarlos si queremos una sociedad justa, que progrese con bienestar.  Aquí todos cabemos, con respeto.  Ni la orientación homosexual, ni la familia de parejas homoparentales son nocivas a los niños que crían y solo un segmento de la sociedad que los juzga emotivamente, les hace daño.  La respuesta homofóbica, desagradable y criminal, de esa sociedad, se traduce para los jóvenes y adolescentes LQBTQ en discriminación, disparidad en los servicios de salud, escolaridad y oportunidades laborales, matoneo o “bullying”, asalto sexual, riesgo de trastornos de uso de drogas estupefacientes, suicidio. Allí conducen la intolerancia. el desconocimiento y el odio, no importa cuánto se rece, cuánta marcha y arenga se logren.  Y no olvide, su familia como la mía tiene seres humanos estigmatizados por nosotros mismos.  De esto, hay bastante información científica en la literatura médica, pediátrica y de sociología[1].  26/6/21

 

[1] American Academy of Pediatrics: LGBTQ+: Support and Care. Pediatric Collections. 2021

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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