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Si hay un estigma moderno hoy, en medicina, ya no es ser tuberculoso o leproso sino depresivo. El resultado: pobre resultado en el manejo del paciente o del hijo o el familiar.

 

Con la depresión ocultada o ignorada se desemboca más temprano que tarde en comorbilidades o consecuencias no solo serias sino intratables.

 

La depresión es frecuente entre los adolescentes, afectando 1 de cada 10 de ellos en Estados Unidos. No tengo las cifras nacionales.   Hacer la pesquisa entre niños y adolescentes mediante métodos confiables supera los daños de una tardía intervención, ya sea con psicoterapia o con fármacos. Los métodos utilizados deben dirigir hacia diagnósticos puntuales y precisos. Hoy se consideran apropiados el PHQ-A, por su denominación en idioma inglés: Patient Health Questionnaire for Adolescents y el BDI, o Beck Depression Inventory. Para los adolescentes, el primer cuestionario de 9 preguntas es el más apropiado, por ahora. Algunos clínicos utilizan en los EEUU el PHQ-2, un cuestionario para adultos, con 2 preguntas sencillas: (1) En las últimas 2 semanas, ¿has sentido desinteresado o has tenido poco placer en las cosas que haces? (2) te has sentido “down”, desanimado, sin motivos o esperanzas, deprimido? Si el paciente contesta positivo a una de estas dos preguntas, entonces se justifica una evaluación más extensa por profesionales de la psiquiatría.

 

Estas preguntas las pueden hacer los padres o los maestros en sus respectivos ambientes, y proceder sin demora para encontrar respuestas y soluciones. Y no ignorar que la depresión puede ser una condición que lleva al consumo de drogas y estupefacientes PERO que el consumo de drogas y estupefacientes lleva a la depresión.

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