«El curso natural de la enfermedad»

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Este frase, “el curso natural de la enfermedad”, suelo usarla con mis pacientes, mejor dicho, con las madres de mis pacientes.

 

Cumple varias funciones:

 

  1. Le recuerda que todo lo que comienza termina
  2. Que cada enfermedad tiene un comportamiento
  3. Que cada comportamiento tiene una finalidad
  4. Que cada finalidad, cumplida, se alcanzó
  5. Que alcanzada la finalidad, se termina la enfermedad

 

 

Veamos.

 

Un resfriado en los niños, suele tener un solo origen en la inmensa mayoría de ellos y de las veces, tan inmensa que uno puede “poner las dos manos en el fuego, y no quemarse”: un origen viral.  Con eso, se dice otra cosa: no estropees el curso que suele ser molesto pero no requiere sino tiempo.

 

Las infecciones catarrales molestan a unos más que a otros. Definitivamente que siempre mucho más a los padres, o a la madre que es quien siempre está, o casi siempre.  Pero esa molestia es inferior a la que produce la utilización vertiginosa, incontrolada, urgente, abundante, brutal, sin reposo, con secuencia memorizada, temblores, utilización sin precedentes del celular, idas y venidas a la farmacia de la casa o de la vecina, de las medicinas.  No hay tiempo para esperar a ver qué es lo que ocurre, siquiera.  ¿Será fiebre o solo calentura?  ¿Será calentura o solo quebranto? ¿Va a convulsionar él o ella (la madre)?

 

Estas infecciones catarrales duran entre algunos días, menos de una semana en los mayores y hasta 2-3 semanas en los niños más chicos.  Algunas se complican, pero después de la primera semana de haber comenzado y suelen darnos alguna señal de ello para hacer la consulta personal en el consultorio y no por teléfono.  Ojo, esto aplica a prácticamente todas las enfermedades: benignas y malignas.

 

Resulta que cuando el agotado y ocupado pediatra le contesta la llamada al salir de la ducha, ya el niño o la niña se refrescó o se durmió.  Y cuando cuelga el teléfono, reaparece a fiebre.  “Pero solo han transcurrido 3 horas!”  Exacto, eso es “el curso natural de la enfermedad”. Entre pico y pico de fiebre, o, entre 3 y 4 pastillas diferentes para la fiebre, ésta reaparece 3-4-6 horas más tarde. Entre más cerca se está del inicio de la enfermedad catarral febril, más frecuentes se aparecen los “picos” y más frustración producen en la madre.  Entre más lejos se está del inicio de la enfermedad catarral febril, menos frecuentes y menos altos son los “picos febriles”, hasta que desaparecen hasta la próxima infección en 2-3-6 semanas.  Esto es también “el curso natural de la enfermedad” en el niño que escolariza y, antes, que socializa más que un político buscando votos o regalos o sorpresas o pastillas y confites.

 

Si intervenimos muy temprano con medios farmacológicos para manejar una alza de la temperatura corporal, por ejemplo, que no produce malestar (por debajo de 38.5ºC, generalmente), o la presencia de abundante o perenne moco nasal claro (hialino) con algún estornudo y tos nocturna, que no deja dormir a la madre aunque sí se lo permite al niño, entonces estamos obstruyendo “el curso natural de la enfermedad” y, eso, no lo perdona el cuerpo humano.  Si utilizamos medios físicos para la fiebre –como “agua por dentro y por fuera”, para dar a beber y para bañar-, dejamos chorrear el moco de la nariz, le aplaudimos la tos para que remueva flema bronquial y le permitimos dormir si quiere, entonces, la enfermedad sigue su curso natural y se irá como vino.  Y lo que no observa nunca la madre: el niño está feliz jugando y haciendo travesuras, solo la fiebre alta puede disminuirle la velocidad.  El apetito, nunca ha sido bueno pero puede desintegrarse en comer, algo más, y el sueño, ya lo mencionamos.

 

No voy a pasar a otros síntomas para no extenderme.  Ya en otros lugares hemos hablado de la fiebre, su definición, su función y la ocasional y familiar condición de la convulsión febril, benigna pero diabólica.  Lo que es cierto es que la prudencia y la vigilancia, la compañía y la observación son más importantes que “ir a la Farmacia A”, a comprar media droguería y encontrarse con personas que aumentan los temores, precipitan los errores, y alteran “el curso natural de la enfermedad” sin necesitad más que intervención para borrar del mapa todo: fiebre, moco, estornudo, catarro y tos de un niño que solo se decae con las temperaturas altas, y, a veces ni con ellas.

 

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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