OBESIDAD EN NIÑOS

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¿Cuándo debemos iniciar las intervenciones contra la obesidad?  Probablemente desde antes del nacimiento!

 

La  obesidad es una patología de todas las edades.  Lo alarmante es que se comienza a reconocer más temprano y, curiosamente, los números se agrupan a partir de los 2 años de edad.  Es hora de señalar que el problema se inicia mucho más temprano y que la alimentación -celosamente engrosada- en los primeros meses de vida e incluso, en los primeros 2 años de vida juega un papel preponderante en su génesis.

 

Contrario a lo que pudiera Ud. imaginar, la obesidad no es una enfermedad de la abundancia sino de la pobreza.  En alguna ocasión, a esta alusión mía, un gastroenterólogo de la comunidad se atrevió a contradecirla.  Aún no entiendo la razón porque nunca dio argumento.  El argumento de mi señalización sigue.  La observación en EEUU se fue haciendo viral, a partir del año 2003:  niños pertenecientes a las minoría, Mexican American y African American, entre los 2 años y los 19 años que tenían índices de masa corporal (IMC o BMI) superiores al 85% constituían el 37% y 35.1% de esas poblaciones de obesos comparados con los niños blancos no  hispánicos de la misma edad, con frecuencias de 33.5%.  Estas diferencias eran superiores cuando el IMC/BMI era > 95%.

Cierto es que existen otros factores para la obesidad que no pueden ignorarse. Entre ellos, los factores genéticos y ambientales que interactúan de forma negativa.  En los primeros 2 años de vida la obesidad “se celebra” cuando los laicos celebramos los “rollitos” de las piernas, la “celulitis” del abdomen y tronco, el peso por encima de la talla en los percentiles de las curvas diseñadas para vigilar precisamente un crecimiento asimétrico y potencialmente peligroso, “los cachetes de niño Gerber”.  Hay incluso, serias propuestas genéticas de una predisposición a un imbalance energético, a una programación intrauterina y a una desviación nutricional preferencial hacia el tejido adiposo.  

Existen evidencias claras de que la vida intrauterina puede ser un período crítico para el desarrollo de la obesidad (Oken E, Gillman MW: Fetal origins of obesity. Obes Res.2003;11:496-506).  Hijos de madres diabéticas insulina dependientes o gestacionales mal controladas, cuyo crecimiento es exagerado en el útero materno y quienes tienen más tejido adiposo al nacer, desarrollan obesidad de niños, cuando la macrosomia se ha corregido (Plagemann A, Harder T, Kohlhoff R, Rhode W, Dorner G: Overweight and obesity in infants of mothers with long-term insulin-dependent diabetes or gestational diabetes. Int J Obes Relat Metab Disord.1997;21:451-456).  Igual ocurre con aquellos expuestos a hambre o pobre nutrición y crecimiento en el útero, como se ha descrito entre varones expuestos a la hambruna durante la 2a. Guerra Mundial (Ravelli GP, Stern ZA, Susser MW: Obesity in young men after famine exposure in utero and early infancy. N Engl J Med.1976;295:349-353) que revelaron mayor incidencia a la esperada de obesidad en la edad de adultos; y, el hecho de que un estudio revelara que niños entre 7 y 11 años de edad, pequeños para su edad gestacional al nacer, presentan resistencia a la insulina superior a la de sus pares con peso adecuado al nacer (Veening MA, Van Weissenbruch MM, Delemarre-Van De Waal HA: Glucose tolerance, insulin sensitivity, and insulin secretion in children born small for gestational age. J Clin Endocrinol Metab. 2002;87:4657-4661).

El punto de inflexión cuando se marcaría el sino de la obesidad no se puede precisar y, mientras hemos considerado los primeros meses de vida importantes para la producción de adipocitos o células grasas, numéricamente apropiada o exagerada, también hay consideraciones de que esto ocurra prenatalmente, y quizás antes de completarse el 3er. trimestre del embarazo (Whitaker RC, Wright JA, Pepe MS, Seidel Kd, Dietz WH: Predicting obesity in young adulthood from childhood and parental obesity. N Engl J Med. 1997;337:869-873).

Con los años hemos observado que un alto porcentaje de prematuros se convirtieron en adultos obesos.  ¿Sería nuestro celo porque alcanzaran pesos parejos con sus coetáneos? ¿Sería nuestra ignorancia sobre qué debe guiarnos a los neonatólogos sobre la ganancia de peso ideal, de estos niños extremadamente bajos de peso al nacer?  ¿Sería su programación intrauterina?  Lo importante es convencernos que la prevención de la obesidad no se hace cuando el niño ya es obeso.

La obesidad en las edades pediátricas ase considera “el acelerador” de las enfermedades del adulto: diabetes tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemia, resistencia a la insulina; como de las conocidas y serias complicaciones endocrinas y cardiovasculares, por ejemplo, o las comorbilidades -esas otras enfermedades que suelen ser acompañantes indeseables.  Los costos económicos de la obesidad son ingentes.  Una sociedad no tiene por qué desviar dineros necesarios en las áreas de educación y vivienda, como salud, por enfermedades que pueden evitarse, en una mayoría de las situaciones. 

 

Entre los papeles del pediatra está vigilar el crecimiento y desarrollo de los niños para lograr un óptimo.  Uno de los pilares para ello es educar sobre una buena alimentación y nutrición, desde el primer encuentro postnatal:  (1) recomendando la alimentación con leche materna; (2) alimentando los niños a demanda y no con estrictos y arbitrarios esquemas de horarios; (3)  siguiendo el crecimiento ceñidamente en curvas diseñadas para detectar tempranamente cambios inoportunos; (4) evitando establecer la idea que los niños deben tomar un mínimo de onzas de leche por su edad postnatal; (5) educando a los padres de que cada niño crece a velocidades diferentes y que así como un niño gana peso progresiva y apropiadamente con 24 oz/día, otro de su misma edad puede aumentar exagerada y no recomendablemente de peso; no iniciar alimentos sólidos antes de los 4-6 meses de edad y, mucho menos, enseñar erráticamente a los padres a “engrosar” la leche con cereales para que “el niño duerma mejor”, lo que es una falacia y un riesgo de obesidad.

 

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Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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