CORAJE PARA ENFRENTAR EL COVID-19

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Los llamados a la solidaridad, a la justicia social, a la beneficencia, y, a la no maleficencia, son todos y han sido, llamados de la bioética para la enseñanza y para la práctica médicas, durante la pandemia de COVID-19.

Son pocos en estas lides, como mentores o como profesionales de la medicina, que no hayan honrado ese llamado. A veces pareciera que no es así, porque el ruido de los pocos puede ser, no solo detestable, sino asfixiante.  Pero comenzamos a ver resultados de ese cumplimiento, no con el Juramento Hipocrático, sino con el Otro, con el prójimo, con quien busca conocer cómo preservar la salud y con quien requiere recuperarla.  Precisamente con aquel y aquellos que en la confidencialidad ponen su vida y su bienestar en manos de la ciencia y en el calor de una práctica humanista.

La pandemia he enfermando a muchos.  Hoy[1], 228 millones, 397 mil 253 personas; ha llevado a la muerte, a 4 millones, 67 mil 978 seres humanos dejando cientos de miles de niños huérfanos de uno o dos padres.  También la pandemia ha sido cruel porque enfermos y personas por morir, hicieron la travesía solos, en salas infectadas del virus o de ruidos, sin la mano de uno de los padres o esposos o hijos.  La hospitalización fue para no pocos, el viaje a la incertidumbre, la entrada al no retorno, la despedida, la última vez que se le vio el rostro al ser querido y, el terror de no regresar.

Pero también ha puesto a prueba nuestra actitud de abrazar la equidad, la diversidad, la inclusión y la transparencia.  Revelar cuánta confidencia, cuánto amor y cuánto coraje hubo y hay en cada uno de estos trabajadores hospitalarios de la salud.

Por todas estos valores y principios expuestos al ardiente tizón de la elocuente tragedia humana, la pandemia ha identificado personas, profesionales, grupos, sociedades, comunidades, gobiernos y pueblos. Ha dado la oportunidad a lucirlos, incluso a encontrarnos, los médicos y enfermeras, como otros comprometidos miembros de los equipos de salud, nuevamente con los prístinos propósitos cuando adoptamos estas profesiones de servicio.  Estudiantes de medicina dejaron las aulas y las visitas placenteras a las salas hospitalarias, o su trabajo de campo en las clínicas de salud pública o privada, para ocupar lugares que requirieron un aprendizaje urgente a su propio cuidado y al de enfermos[2], basados en las necesidades del sistema de salud.

La obligación moral hoy, es más imperativa, es abrazar lo asertivo, ese estado emocional e intelectual que propicia conductas positivas[3].  No se puede jugar con la elucubración, mucho menos con la falsedad y la distorsión de la verdad.  No se puede jugar con la vulnerabilidad emocional de las personas y, mucho menos, con la desinformación. No hay verdad alternativa ante la vida en peligro y la muerte en ciernes. Se requiere coraje para enfrentar y confrontar la muerte de la verdad. La guerra contra la ciencia mientras el campo de batalla presenta otra guerra contra la pandemia.

Y, por último, pero no menos importante, la pandemia ha permitido que los médicos nos “sinceremos” entre nosotros, no solo que compartamos las preocupaciones por la condición de un paciente.

Así hemos revelado con franqueza y espontaneidad, incluso con urgencia, nuestros temores y no solo la incertidumbre, nuestros dolores y no solo nuestro bienestar, nuestras flaquezas y no solo nuestras fortalezas, nuestro desconocimiento y no solo nuestros conocimientos. El escenario son las salas de cuidados intensivos y de hospitalización COVID-19 donde pululan galenos de diferentes especialidades médicas y quirúrgicas, con diferentes grados de experiencia y habilidades, con variadas personalidades y caracteres.  Hemos entendido la finitud de nuestras capacidades y la humildad como la prudencia se empiezan a lucir, al redescubrir que no solo somos doctores, sino que trabajamos con seres humanos.  Nos dimos cuenta que “nuestra humanidad ha sido agudamente expuesta”.[4]

A la crueldad humana como a la indiferencia a la forma como unos nos tratamos con otros o a otros, es el coraje de anteponer los valores éticos en cada situación, lo que volcará los resultados en favor de una sociedad más justa y más inclusiva.

 

 

[1] The Johns Hopkins Coronavirus Resource. 19/09/2021

[2] Luc J & Han JJ: The New Definition of Courage. Academic Medicine. August 2021 – Volume 96 0 Issue 8 0 p 1084-1085 doi: 10.1097/ACM.0000000000004005

[3] Scarcella J: Courage in the Face of COVID-19. Academic Medicine: November 2020- Volume 95 – Issue 11 p e12 doi: 10:1097/ACM.0000000000003591 (Letters To The Editor)

[4] Kane J: A Lesson on Relationship Among Doctors in the Age of COVID-19.  Academi Medicine: August 2021 – Volume 96 – Issue 8- p 1084 doi: 10:1097/ACM.0000000000003964

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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