DESCALIFICADORES: la verdad en el debate

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Si nos remontamos a 400 años, cuando la Ciencia fue a prisión acusada de herejía, pueden pensar que exagero.  Así se resume la infortunada historia de Galileo y la Iglesia Católica.  Hoy, frente a la incertidumbre y el miedo que la pandemia de COVID-19 ha sembrado, la verdad, el motivo de la ciencia, esté en el debate, buscarla no es suficiente y aceptarla es cruento. La negación de la ciencia no produce vergüenza, ni siquiera porque devela ignorancia, desinformación, maliciosos conceptos alternativos, narcisismo o necesidad alguna de formar reconocimiento.

 

En este camino que hoy recorre la Ciencia al cadalso, encontramos teóricos de conspiraciones, protegidos en ideologías y partidos políticos, fanáticos religiosos y rebeldes tardíos contra la educación médica y científica recibidas. Todos hemos leído líneas obscenas y amenazantes contra hombres y mujeres de Ciencia e investigadores en las redes, donde ésta: “Recuerde Nuremberg”, dirigida al Dr. Fauci, el reconocido y respetado investigador a nivel mundial, resume y actualiza el espíritu de persecución e irracionalidad de 1613.

 

No soy experto en la vida de Galileo, fascinante, pero hay una acotación suya, que me es reveladora, no solo de los agravantes para su condena, sino de su propósito humanista y científico de encontrar la verdad frente a un catolicismo acérrimo y una poderosa Iglesia Católica: “el mismo Dios que nos ha dado los sentidos, la razón y la inteligencia, quiere ahora que abandonemos sus funciones”[1]. Como decir hoy, los mismos que aprendieron el método científico, en las aulas de clases con nosotros, quieren ahora que lo abandonemos.

 

En 1634, las tropas españolas llevaron la plaga a Munich.  Galileo, ciego, perdió a su más querida hija y más dulce amiga, María Celeste, tres sobrinas y un sobrino, a su hermana política y su libertad[2].  El hereje era él.  Hoy, todavía, la opinión adversa la Ciencia, la Ciencia sigue siendo el hereje.

 

La descalificación de la Ciencia tiene varios frentes con diferentes intereses y argumentos.  Entre algunos dedicados a la práctica médica y a las ciencias, existen mucha historia de errores de la ciencia que son suficientes para no confiar en ella ciegamente.

 

Sin embargo, ciegamente no puede ser la calificación al escrutinio que se hace la ciencia a través del riguroso cumplimiento de su metodología y el conocimiento histórico de los errores.  Mi estimado y ponderado Paul A. Offit, el infectólogo pediatra de CHOP (Children’s Hospital of Philadelphia) tiene una serie de libros[3], [4], [5] que los recuerdan -cuando no los descubre a sus lectores.  Pero en todos, nos recuerda que ni las celebridades, ni los políticos y, ni siquiera, los activistas sociales son la mejor fuente de información sobre salud.[6]  Con particular énfasis, el enriquecimiento de algunos, las faltas a la ética, tampoco se divorcian de la guerra y la pérdida de confianza en la ciencia y, puntualmente a las vacunas y a la vacunación.[7]

 

Entre otros, el virus de las ideologías, como lo califica Slavoj Zizek[8]  Su pregunta es suficiente: para quienes no son expertos en estadísticas (aunque digan que lo son), “¿dónde termina la data y comienza la política?” El reclamo de una solidaridad incondicional y una coordinación global para responder a la pandemia es no solo humanista sino sabio.  Pero esto requiere de humildad y de prudencia, de lo que adolecemos muchos.  Requiere que nos liberemos de las presiones sociales del reconocimiento y de las ideologías, que como describe poéticamente Zizek, trasladado al Wuhan de confinamiento domiciliario y cuarentena rígidos: “cuando el ciudadano de Wuhan camina en búsqueda de medicinas o alimento, definitivamente que no lo acompañan pensamientos anticonsumerismo (léase anticapitalismo, mi anotación), solo lo acompañan el pánico, la rabia y el miedo”.

 

No es el tiempo de avergonzarse del propio país, pero sí avergonzarse de quienes lo dirigen bajo esquemas de egoísmo personal o partidario, cuando prevalece el doble estándar que solo favorece el privilegio, cuando se reclama solidaridad humana sin distingo alguno.  Los hombres y las mujeres de ciencia no deben escatimar un instante para hacer valer la necesidad de esta solidaridad.  Quizás se recupera por esa avenida, la confianza tan necesaria para que las gentes sigan los caminos que señala la ciencia.

 

No en vano muchos pensadores liberales y marxistas, como lo dice Zizek, “han notado como la epidemia del coronavirus sirve para justificar y legitimar medidas de control y de regulación de las gentes, aún inconcebibles hasta ahora en una sociedad democrática occidental” y a pesar que, precisamente este propósito es contradictorio y contraproducente a esa denuncia, para ese deseado control y dominio de los asociados.  En el campo político, la confianza está envenenada por la acción gris de los políticos y la desconfianza en los gobiernos, por la falta de transparencia de los gobernantes.  Todos ellos, también descalifican, han ocultado la verdad.

 

La cuarentena general es una medida de control de la población.  No tiene relación con las cifras estadísticas de la infección y enfermedad. La cuarentena localizada, dirigida a los sitios y poblaciones con mayor incidencia de enfermos y muertos, es una medida de salud pública, no de ordenamiento público. Y, seguro, no solo más sensata sino más honesta con la población.  La epidemiología, ciencia, gana o pierde según como se deje manipular por la política o los políticos e ideólogos, cuyos intereses no son salubristas.  20/3/2021

 

[1] Mario Livio: Galileo and the Science Deniers. Simon & Schuster. 1230 Avenue of the Americas, New York, NY 10020.  2020

[2] Heilbron: Galileo. Oxford University Press. 2010

[3] Offit, Paul A: The Cutter incident: how America’s first polio vaccine led to the growing vaccine crisis. Yale University Press. 2005

[4] Offit Paul A: Bad Faith: When Religious Belief Undermines Modern Medicine. Basic Books. Perseus Books Group. 2015

[5] Offit, Paul A: Deadly Choices; How the Anti-Vaccine Movement Threatens Us All. Basic Books. Perseus Books Group. 2011

[6] Offit, Paul A: Bad advice: or why celebrities, politicians, and activists aren’t your best source of health information. Columbia University Press. 2018

[7] Meredith Wadman: The Vaccine Race: Science, Politics, and the Human Costs of Defeating Disease. Viking, Penguin Random House. LLC.2017

[8] Slavoj Zizek: Pandemic! COVIC-19 Shakes the World. Polity Press. 2020

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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