¿Qué nos quedará?

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Un virus, el SARS-CoV-2, una tormenta aérea de polvo y arena del Sahara, un terremoto en la escala de 7.5 en México, todo el mismo día, hoy.  Al antojo de estos 3 eventos, un ser minúsculo, altanero, atrevido, iconoclasta, contaminante, incendiario, depredador, injusto, corrupto se encuentra desnudo para conocer su vulnerabilidad y su impotencia.  ¿Será que cambiará?

 

No lo creo, desafortunadamente.  Vencida la enfermedad, pasada la tormenta, detenidas las sacudidas y el temblor de la tierra, volverá más altanero, más narcisista, más prepotente, ignorando que es un ser más sobre la faz de la Tierra y desapercibido en el Universo. Sus historias seguirán escribiéndose autobiográficamente.

 

Sin embargo, todavía podemos aspirar en un horizonte como el que junta el cielo y el mar para levantar el sol. Es certeza incuestionable que nos hace falta el abrazo, el susurro, el roce de la piel y la humedad. El distanciamiento es cruento.  Pero hemos ganado anonimato, hemos vencido o estamos venciendo la esclavitud al reconocimiento de los otros.  Ya no se nota la timidez ni la fobia social.  El aislamiento ya no es ostracismo, nos permite leer, escribir, cuidar del derredor íntimo.  Ese tiempo de silencio o fallecido se hizo necesario para cavilar y reconocernos.

 

La máscara ya no es sinónimo de asalto, robo, delito.  Ahora nos libera.  El misterio es ahora de nuestros labios y suplanta el de nuestros ojos y miradas. El discurso vulgar y alto irá desapareciendo entre los vítores agotados de otros iguales o la amortiguación que al tiempo le pertenece ejercer u obligar.

 

Nos queda algo pendiente.  Abortar la competencia que entierra y hunde al Otro, volver la mirada a quien nos mira para llamarnos, extender la mano para escuchar, divorciarnos del egoísmo, del consumismo y de la sospecha, para poder reconocer en quien busca alimento, techo, alfabeto y medicinas, un ser humano sembrado cerca  a nosotros para que seamos mejores, pero que hasta entonces, viene de lejos y no nos llega.   24/06/2020

Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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