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La muerte, los efectos dañinos agudos y las secuelas, como productos de accidentes –tanto en niños como adultos- se minimizan con la atención pronta y eficaz en el lugar del accidente y luego en un centro higiénico, ya sea una clínica o un hospital; y, se evitan en gran parte, con la implementación de medidas de seguridad, que van desde la advertencia visible de los riesgos hasta la actuación por personal administrativo, en lugares públicos o privados.

 

 

Todos hemos visto:

 

  • quemaduras y muerte por choques eléctricos por tomacorrientes descubiertos y siempre al alcance del niño curioso
  • niños jugando con equipos eléctricos o mecánicos, ya sean escaleras eléctricas, máquinas de ejercicio o de caminar, que ellos ponen a andar –cuando no es que se dejan o están encendidas- con una destreza y habilidad insospechadas
  • intoxicaciones mortales por la ingesta de medicinas y enseres de limpieza, siempre cerca de la mano traviesa y el espíritu explorador del niño
  • muerte por inmersión en piscinas privadas o en ríos y playas aún con entrenamiento para nadar
  • pérdidas de la visión, audición y tejidos con desfiguración de rostros y extremidades por quemaduras con el uso de “bombitas” y cohetes que se queman y suenan para celebrar y para llorar
  • heridas serias dentro del auto porque el padre o la madre van chateando mientras manejan, o porque no le tienen propiamente sentado en sillas especiales para su edad, peso y tamaño
  • fatales choques entre autos veloces o postes huyéndole a delirios de campeones de autos de Fórmula
  • quemaduras de las manos por el uso de vaporizadores –en lugar de humidificadores- en los cuartos de los niños o por permitirles entrar a la cocina, con los hornos prendidos; o, “jugando” con fósforos
  • fracturas del cráneo con o sin pérdida del conocimiento y/o estados de coma por conducir bicicletas y motos sin casco protector

 

 

Lo voy a decir prontamente: el problema no es el niño, es el adulto y es la sociedad.

 

 

El niño es todo lo que he señalado: curioso, explorador, fácilmente impresionable, vulnerable a caídas y mayor gravedad debido a sus respuestas protectoras aún lentas y pobres, a su desarrollo motor y la integración de sus facultades motrices y cognitivas que no van desarrollándose parejas con su desarrollo corporal, su sistema respiratorio o su sistema músculo esquelético, por ejemplo. El púber y el adolescente es atrevido, no oye consejos, es vulnerable a la influencia de los de su edad, rebelde, quiere aprender por si mismo o “en su propia carne”.

 

Los padres viven todo el día contando “las proezas” de sus hijos más pequeños y, sin embargo, descuidan reconocer la edad del niño y sus limitaciones, su forma de proceder y, cuando no se van al extremo de exigirle comportamiento de adulto, se sitúan cómodamente en el otro extremo: esperar a que no ocurra nada, mientras él o ella se ocupa de alguna otra cosa, conversar, por ejemplo. Cuando como pediatra hago estas advertencias, gusta a solo pocos: “¿porque eres un alarmista?”, “eso no va a ocurrir”.

 

La comunidad también mira para otro lado. ¿Dónde está una autoridad policial o administrativa –entrenada- para llamar la atención y hacer cumplir medidas de prevención?

 

  • ¿Prevención? ¿Eso qué es? Eso no es necesario, eso cuesta mucho, eso no me corresponde.

 

 

  1. En los aeropuertos no solo debe haber perros hambrientos de cocaína, o funcionarios con vocabularios soeces y actitudes peores, sino también autoridades que prohíban situaciones de peligros para quienes lo visitan

 

  1. En los edificios públicos y privados con aditamentos eléctricos como las escaleras o equipos de gimnasio debe existir vigilancia estrecha y utilizar equipos de baja velocidad e intermitente funcionamiento como señalización clara de dónde se activa o inactiva

 

  1. En las piscinas públicas igual que en las privadas deben erigirse cercas de madera que no permitan el paso a niños y menores. Enseñar a nadar tiene su edad y antes, enseñar a respetar el agua. Tampoco saber nadar evita muertes por inmersión

 

  1. En las casas no debe existir paso expedito a la cocina ni deben guardarse venenos o enseres de limpieza en frascos o cajas atractivas y con acceso fácil; los tomacorrientes deben estar cubiertos o tapados; las cerraduras de las puertas deben ser altas; para humidificar el ambiente del niño con problemas respiratorios frecuentes, no deben utilizarse vaporizadores sino humidificadores

 

  1. La prohibición de producción y venta de “quemadores”, “bombitas”, “cohetes sonadores” debe ser universal y definitiva. Esta es una práctica de un primitivismo alarmante

 

  1. El conductor de autos que llevan niños sin la protección apropiada y probada de sillas especiales debe ser severamente multado

 

  1. El vendedor de bicicletas y motocicletas que no obliga la compra de casco protector también debe ser aleccionadoramente multado

 

  1. Y, finalmente pero no lo último, los padres deben reconocer los peligros que existen en todas partes para la integridad física y emocional de sus hijos, como la necesidad de cumplir con las regulaciones y con los reglamentos en cada lugar donde acecha un accidente
Pedro Vargas
Pedro Vargas
El Dr. Vargas tiene como pasatiempos muy entrañables la lectura y la fotografía. La lectura de biografías, cuento, ensayo, historia y bioética, tema este último que lo lleva a tener una sección en Pediátrica de Panamá, la revista científica de la Sociedad Panameña de Pediatría. El paisaje urbano, el retrato, la Naturaleza son sus temas favoritos. La fotografía es un instrumento para ver la vida, su interés primordial, como dijera Henri Cartier Bresson alguna vez: “La fotografía no es nada, es la vida lo que me interesa a mí.”

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